El sentimiento de culpa en los niños.

No nos paramos mucho a medir las consecuencias que tienen en nuestros hijos nuestras palabras, nuestros castigos, nuestras enseñanzas y vamos a meternos de lleno en ello.
Para empezar debemos conocer ciertos conceptos y nos haremos unas preguntas que nos lleven a aclarar y aprender de  este tema para intentar ser más asertivos con nuestras enseñanzas.
Decía  Séneca que una persona que se siente culpable se convierte en su propio verdugo

¿Qué es la culpa.?

Es un afecto doloroso que surge de la creencia o sensación de haber traspasado las normas éticas personales o sociales especialmente si se ha perjudicado a alguien
La culpabilidad surge ante una falta que hemos cometido (o así lo creemos). Es uno de los sentimientos más negativos y destructivos que puede tener el ser humano y al mismo tiempo una de las maneras más utilizadas para manipular a los otros.
La culpa es la diferencia entre lo que hice y lo que debería haber hecho, entre lo que quiero y lo que debería hacer.

La culpa nos paraliza, nos impide seguir desarrollando todo el potencial que tenemos; es vergüenza y boicot contra uno mismo.
Vivir con culpa es vivir con cadena perpetua, es condenarse a vivir con cadena perpetua, es condenarse a vivir insatisfecho, victimizándose todo el tiempo de lo que nos ha tocado vivir.
La culpa es un sentimiento molesto que puede hacernos actuar contra lo que realmente queremos es nefasto porque nos hace sufrir y hace sufrir a los demás. Afecta a nuestro estado emotivo y a nuestra autoestima.

La culpa nunca ha sido racional, distorsiona todas las facultades de la mente humana y las corrompe; quita la libertad de razonar y  deja confuso.



 ¿Cuándo surge la culpa y para que se utiliza?. 

La predisposición a sentirnos culpables se suele generar en la infancia. Surge cuando nos calificamos por nuestras acciones, pensamientos y sentimientos.

Si un padre pasa la mayor parte del tiempo resaltando los errores de su hijo, seguramente tendrá como resultado un niño inseguro que se sentirá culpable. Este sentimiento de culpa afectará ineludiblemente a su amor  propio y a su autoestima.

Para un padre siempre es más fácil destacar los errores de un niño que sus logros; así que debemos hacer un esfuerzo por reconocer las cosas que hace bien y celebrar sus aciertos.
Se utiliza la culpa con el objetivo de que el niño se porte bien y los padres se valen de actitudes como reproches, enfados, amenazas o incluso castigos psicológicos o físicos.
Al final de estas acciones que recibe el niño a cambio de su "mal comportamiento", estaría la idea de rechazo por parte de los padres. Incluso cuando el sentimiento de culpa es muy fuerte, en la mente del niño se llega a instalar la idea temida del abandono.

Como podemos ver para que haya culpa tiene que haber una dependencia psicológica hacia la otra persona

¿Cómo infundimos la culpa en los niños?

Los padre suelen afirmar que todo lo que hacen es por el bien de los niños . Y probablemente es así, pero en ocasiones las buenas intenciones no bastan. Me refiero a los padres que asumen comportamientos perfeccionistas y autoritarios y quieren que sus hijos mantengan una conducta impecable.

A menudo éste tipo de padres suele crear un profundo sentimiento de culpa en los niños porque los recriminan constantemente  señalándoles sus errores.
Frases como: haces que mamá o papá se pongan tristes, te vas a quedar solo/a, no sé qué he hecho yo para que te portes así, no te voy a querer, eres malo/a y que quizás por la falta de análisis sobre lo que significan realmente para un niño que se está desarrollando, este tipo de frases se repiten como pautas de crianza.

De esta forma no sólo se cercena su autoestima sino que se genera un gran sentimiento de culpa una sensación que probablemente arrastrará consigo durante toda su vida porque es muy difícil deshacerse de las vivencias infantiles.
No debemos olvidar el gran poder de la palabra.


¿Cuál es el origen de del sentimiento de culpa y sus consecuencias?.

El origen de esta emoción educada socialmente proviene de los valores judeocristianos de nuestra cultura, en donde la figura paternal simbolizada por Dios era vista como un Ente sobrehumano que castigaba a quien no seguía las normas y reglas establecidas.
Desde los principios de la historia de la humanidad hemos creado una jerarquía de normas y leyes de conducta con el fin de establecer un orden, unas pautas de comportamiento y una estructura social determinada.

Cuando las normas no se cumplen la consecuencia es culpa y el remedio es castigar.
Los antropólogos apuntan que todas las culturas de la humanidad (unas más que otras), promueven el sentimiento de culpa.
Algunas basadas en la culpa interna (las occidentales), regulan la conducta mediante castigos intrínsecos, es decir desde un punto de vista interno y personal: la propia conciencia.
Otros que son los que regulan la conducta mediante la vergüenza social y la deshonra (como ocurre en algunos países orientales), prefieren castigos externos.

Las consecuencias que tiene la educación en la culpa puede verse en personas que pasan por procesos terapéuticos, al sufrir miedos, ansiedad o depresión.
Cuando un niño ha sufrido una alta densidad de sentimiento de culpa, experimenta una necesidad de autocastigo para solventar ese sentimiento o bien pedirá que el entorno sea quien ejerza ese castigo.
Ante tal necesidad ese niño cuando crezca vivirá de forma pesimista su existencia, entrando frecuentemente en estados de ansiedad o depresión.



¿Qué alternativas hay a las pautas de crianza que utilizan la culpa como herramienta educativa?.

Debemos plantearnos una cuestión y es qué podemos utilizar como herramienta educativa para que la persona aprenda a regular su propio comportamiento, no para que sea regulado desde el exterior y de este modo desarrollar en la persona actitudes de cuidado y respeto hacia lo que le rodea. La respuesta es algo tan fácil como en conocimiento de aquello que se quiere, que se respeta. El conocimiento de la realidad, aprender sobre algo y comprenderlo es lo que hace que en el ser humano se genere una actitud de respeto hacia aquello que se conoce y es lo que hace que el ser humano se comporte "bien". 
Todo padre o madre quiere que su hijo respete, sea cuidadoso con su entorno, no haga daño.
La alternativa es educar en la responsabilidad a partir del conocimiento y la comprensión de la realidad.
El sentimiento de culpa se basa en el temor de lo que le rodea, el de responsabilidad en el respeto.

¿Es posible superar el sentimiento de culpa?

El primer paso es reconocer que el pasado ya no lo podemos cambiar, pero y ahora ¿qué puedo hacer para mejorar las cosas o solucionar los problemas que resultaron de nuestra conducta?
¿Deseas disculparte?, hazlo...
No somos responsables de los sentimientos de los demás. Aceptar que tú no tienes que sentirte culpable sólo porque los demás te culpen.
Cuando el sentimiento de culpa permanece durante demasiado tiempo e incluso cuando ya hemos puesto "remedio" a aquello que lo originó, se convierte en un calvario para la persona, que se va a sentir mal consigo mismo por aquello que no consigue olvidar.
Para lograrlo es esencial asumir algunos pasos:


Hallar las causas de los sentimientos de culpa desarrollando un diálogo interno; éste nos desvelará algunas ideas irracionales de causa-efecto. En muchas ocasiones la clave para eliminar la culpa radica en saber repartir las responsabilidades asumiendo sólo la cuota que nos corresponde, pero no más allá.
La vida no es blanca ni negra, sino llena de matices.
Si nos concentramos en nosotros mismos y nos ubicamos en el tiempo y el espacio, liberarnos de la culpa se convierte en una consecuencia natural de actuar en armonía y esta se manifiesta en nuestras vidas.


¿Tiene aspectos positivos de la culpa?

El sentimiento de culpa modera nuestro sentido del bien y del mal, nos ayuda a diferenciar entre la buena y la mala conducta, así como nuestros pensamientos positivos y negativos. De forma que es saludable tener la capacidad de sentir un cierto nivel de culpa ya que aporta equilibrio mental y emocional a nuestras vidas.

El sentimiento de culpa tiene una función esencial en las relaciones personales. Es necesario para crear y mantener la armonía; no olvidemos que es uno de los aspectos que nos ayuda a controlar nuestros impulsos.

Cuando consideramos las emociones de otras personas, guardamos en nuestra memoria emocional aquello que puede o no hacerles daño, de forma que si nos sentimos culpables "buscamos en este registro para identificar lo que hemos podido hacer o decir que haya dañado a la otra persona". Como resultado tomamos una actitud más cuidadosa y empática o nos disculpamos.


Cumplir las expectativas, necesidad de aprobación y el miedo al que dirán son importantes a la hora de ver los efectos del sentimiento de culpa.

Es natural buscar el beneplácito de las personas de nuestro entorno. Somos seres sociables, nos relacionamos continuamente con personas con las que podemos tener más o menos cosas en común, y esto en sí influye en nuestro sentimiento de identidad individual y colectiva.
El impacto que los demás tienen en nosotros y nosotros en los demás es inevitable. Sin darnos cuenta, la impresión que nos da y nos inspira otra persona es un detonante que da lugar a tener opiniones positivas o negativas sobre ella. Esta opinión puede tener un efecto más o menos relevante en nuestra vida, pero no cabe duda de que somos seres curiosos y a menudo compartimos nuestras opiniones y nuestros sentimientos sobre los demás con otras personas. Esto puede dar lugar a comentarios más o menos constructivos, pero es irremediable estar expuestos, nos guste o no, a que los demás nos apliquen notas positivas y negativas.

Hace algún tiempo un amigo me envió una historia que reflejaba la facilidad con la que podemos ser víctimas de críticas y prejuicios sin más. Queremos complacer y evitar las críticas, por lo que a veces nos vemos actuando de una determinada manera para salvaguardar nuestra imagen ante los demás. Lo que ocurre es que no pocas veces nos encontramos con que, hagamos lo que hagamos, somos criticados o culpabilizados por alguna conducta determinada. Y llega un momento en que o decidimos aquello que consideramos que es mejor para nosotros mismos, sin perjudicar a los demás, o nos vemos dedicando una gran cantidad de energía para complacer y satisfacer los deseos ajenos. Me pregunto: ¿cuál debería ser el límite? Evidentemente cada persona tiene el suyo, pero, sea cual sea, cada uno ha de ser consciente y consecuente con sus propios límites.


Veamos a continuación la historia que ilustra este concepto.

Érase una vez un viejo que tenía un burro que quería vender. Un día él, su hijo y, por supuesto, el burro fueron al mercado. El camino era largo, hacía calor y al viejo no le apetecía andar. Ya que tenemos un burro, usémoslo mientras podamos dijo y se subió en él. El hijo se agarró al ramal del burro y siguieron el camino. ¿No te da vergüenza, viejo? le dijo alguien por el camino. Tú en burro mientras tu hijo tiene que caminar., el viejo se sonrojó y pareció avergonzado. Se bajó del burro y sujetó el ramal, móntate un rato y yo sujetaré el burro dijo a su hijo. A continuación se encontraron con unas señoras que venían del mercado, ¿No te da vergüenza? gritaron, levantando los puños contra el joven, un joven como tú montando un burro mientras tu anciano padre va andando. La cara del joven se puso tan roja como la de su padre momentos antes. Las señoras tienen razón, padre, yo no debería ir descansando mientras tú caminas ¿por qué no nos montamos los dos? dijo el viejo. El burro siguió su camino con los dos hombres encima. ¿No les da vergüenza? gritaron unos hombres que recogían heno en el campo cercano, dos adultos encima de un pobre burro ¿cómo pueden ser tan crueles? y el viejo y su hijo bajaron rápidamente. Ya sé lo que podemos hacer dijo el joven por fin: en lugar de ser el burro el que nos lleve, nosotros llevaremos al burro. Los hombres fueron recibidos con grandes carcajadas de burla mientras se esforzaban en llegar al mercado llevando al burro sobre los hombros.¡Fíjate! dos hombres llevando un burro cuando el burro está hecho para llevarlos a ellos gritaba la gente a coro.
Por intentar dar gusto a todos dijo el viejo no hemos agradado a nadie. En el futuro seremos nosotros los primeros en agradarnos.
A continuación debemos preguntarnos: ¿qué hubiéramos hecho en el lugar de los protagonistas de la historia?, ¿nos habríamos sentido culpables? Cada uno debe cuestionarse su propia conciencia.
REFLEXIÓN:
No hay manera de definir cuánta culpa es saludable para educar a tu hijo, pero tal vez enfocarte en cómo arreglar el problema, en lugar de abocarte a que se sienta mal por haberlo hecho, sea un buen punto de partida, con mejores resultados a largo plazo.
Tú, ¿qué opinas? ¿Crees que el sentimiento de culpa es un recurso aceptable o no?



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