Estrategias para dejar de procrastinar.

Entrada ya en mi edad adulta descubrí que existía una palabra para describir la forma en la que había logrado ingeniármelas por años para no hacer nada la mayoría del tiempo y vivir lamentándome por todo el potencial que desperdicié: procrastinar.
La procrastinación, postergación o posposición es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

Si bien era capaz de lograr las cosas haciéndolas a última hora en momentos de pánico y cuando ya no quedaba más remedio, siempre te queda la certeza de que de haberlas hecho con calma y aprovechando el tiempo correctamente habría traído mejores resultados.

Tom Pychyl, un profesor de psicología en la Universidad de Carleton en Ontario, Canadá, y autor de “Resolviendo El Rompecabezas De La Procrastinación” nos dice que ve que nuestro sistema límbico  está en una constante batalla con la corteza pre frontal (una sección que se desarrolló después por medio de la evolución, responsable de las funciones ejecutivas y el control impulsivo). Inevitablemente el sistema límbico a veces gana. Es natural procrastinar, debes darte cuenta que te equivocarás, pero puedes cambiar si de verdad quieres.

Ser un procrastinador es vivir con ansiedad y sintiéndose culpable, porque en el fondo el procrastinador sabe que lo que está haciendo para ignorar sus tareas y responsabilidades no tiene nada de sentido y bien podría estar ocupándose de su vida, pero decide “relajarse un rato” porque hay “tiempo de sobra” y todo siempre puede hacerse después.
Vemos unos cuantos consejos para sacar la procrastinación de nuestra vida:



Deja de poner excusas
Esto está relacionado con el punto previo de Pychyl. La procrastinación es un retraso voluntario de un acto favorecedor intencionado y por eso causa disonancia incómoda que intentamos aliviar con una bola de excusas.
Minimiza distracciones y ponte fechas límite
Divide tu jornada laboral en diferentes plazos, o como lo llaman los expertos, cronogramas. Te ayudará saber qué tienes que hacer de 9 a 10:30 y qué sigue hasta las dos de la tarde. Cumplir con estas pequeñas expectativas te hará sentir eficaz, productivo, capacitado. Si estos cronogramas los extrapolas a tu vida personal, es que tienes cierta capacidad para avanzar en tus propósitos.
Si tienes todas las distracciones posibles con tan solo oprimir un botón, es más probable que revises Facebook, tu email y de repente pasen tres horas. Las distracciones por supuesto disminuyen tu productividad, pero para un procrastinador crónico, son lo peor. 


Haz el favor de esconder el móvil. Solo así, de esa manera, serás capaz de no ver cada vez que desbloqueas la pantalla números capicúa, extrañas coincidencias y recolectar el feedback de cada una de las actualizaciones y grupos de WhatsApp que llevas en danza. Solo alejando de ti al demonio podrás dejar de procrastinar y darle a cada minuto y hora el valor que tienen
Como suma, establece un horario estricto para ti. “La autonomía es buena para los que no procrastinan pero los que sí lo hacen, necesitan fechas límite”,


 Guárdate recompensas para cuando hayas realizado tus tareas
Para cumplir tus propósitos ayuda ubicar una contraprestación a corto plazo una vez satisfechos. Piensa, desde bien temprano por la mañana, qué es lo que más placer te proporcionará al llegar de noche y cansado a casa después de una dura jornada de admirable productividad. Si al final del día has resuelto todos los asuntos pendientes permítete ese pequeño deseo implantado en tu ánimo desde por la mañana: la cerveza de más que cambia de color la habitación, dos capítulos más de la serie a la que estés enganchado, un tipo de cena... Un vicio, si suena a premio, reconforta dos veces.

No dejes que tu niño interno dicte tus acciones
“No sé dónde aprendemos esto, pero de alguna manera interiorizamos la noción de que nuestro estado motivacional debe coincidir con la tarea en mano”, dice Pychyl. En realidad para muchos trabajos importantes, si no es que para la mayoría, empezar no tiene nada que ver con cómo nos sentimos. De cualquier manera a veces rechazamos la noción de la frase esperanzadora: “me dan más ganas mañana”. Casi nunca lo hacemos, así que la tarea se retrasa nuevamente. Entonces, ¿por qué insistimos en tener la idea de que un trabajo que repelamos se hará mágicamente menos aversivo en 24 horas?


Como suma, los escaneos cerebrales muestran que tendemos a pensar en nuestro futuro como si fuéramos extraños, lo que explica por qué estamos frecuentemente sobreestimando nuestra habilidad/deseo para cumplir una tarea necesaria pero indeseable dentro de tres semanas.
¿El mayor mito que los procrastinadores deben eliminar? Romper el ciclo de retraso y decir: “Lo haré mañana”. Una vez que te des cuenta que esto es una estrategia para evitar hacer las cosas, estás en el camino correcto.

Habla contigo mismo y convéncete de que, sea lo que sea que persigues, no va a ser un camino fácil. El éxito sin esfuerzo es una utopía. Pero si fuera fácil no lo apreciaríamos (así pensamos…) Así que empieza por dar un primer paso concreto y ponte a trabajar.


Es raro que los procrastinadores no hagan absolutamente nada; hacen cosas ligeramente útiles, como ocuparse de las plantas o afilar lápices (...). ¿Por qué hacen estas cosas? Porque son una manera de no hacer algo más importante. Si lo único que tuvieran que hacer fuera afilar lápices, nada ni nadie podría lograr que lo hicieran".

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